De la cuestión del hombre a la cuestión de Dios (Juan Alfaro, S.J)

En las entradas anteriores, hemos tenido la oportunidad de ir profundizando en la cuestión sobrenatural del ser humano, de su sed de infinitud que no puede saciarse en la finitud, de su apertura de trascendencia y al Trascendente, tensión dada por Dios como don, al crearle a su imagen y semejanza. Hemos escuchado que nos dice la Sagrada Escritura, el Magisterio de la Iglesia católica, los Santos Padres, teólogos más significativos y el aporte de las ciencias auxiliares. En la presente entrada, partiendo del ser humano descubriremos quién es Dios, en otras palabras: la cuestión sobrenatural - trascendental del ser humano ¿Qué me dice de Dios?, para ello profundizaremos en distintas posturas sobre quién es el hombre. 



Tanto en la teología como en la filosofía, no siempre se ha partido a dar respuesta de quién es el hombre a partir del hombre, por mucho tiempo se partió de Dios, del Trascendente para dar respuesta al origen, ser y quehacer del  ser humano; nos lo decía ya Karl Rahner con el giro antropológico, el cual propone que la pregunta teológica debe partir del hombre. También, la filosofía moderna, sobre todo iniciando con I. Kant,  vio que las preguntas primordiales, eran aquellas que trataban sobre la cuestión del hombre, bien lo hace ver la siguiente citación, 

«Todo el interés (tanto el especulativo como el práctico) mi razón se centra en las tres preguntas siguientes: ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, ¿qué puedo esperar? La primera. pregunta es meramente especulativa ... La segunda es solamente práctica ... La tercera es simultáneamente práctica y teórica ». En su segundo texto, después de repetir con las mismas palabras y en el mismo orden las tres preguntas precedentes, Kant añade una cuarta: «¿Qué es el hombre?», y las comenta así: «A la primera pregunta responde la metafísica, a la segunda la moral, a la tercera la religión y a la cuarta la antropología. En el fondo se podía atribuir todo esto a la antropología, porque las tres primeras preguntas se refieren a la última» (Juan Alfaro, 1982, p.211)

En la pregunta antropológica ¿que es el hombre? abarca la existencia humana en su totalidad de conocer, decidir y esperar; es la primer pregunta que realmente interesa al hombre, la cuestión de sí mismo, no de su esencia, sino de su existencia, como bien nos lo demuestran las preguntas existenciales más arraigadas en la persona ¿Quién soy? ¿de dónde vengo? ¿hacia donde voy?.

En esta formulación de las tres preguntas, sobre la cuestión del hombre, Kant nos habla de la distinción entre la razón teórica, que es aquella que tiene como campo proprio, el mundo sensible; y la razón práctico, que es aquella que tiene como campo el mundo inteligible, la cuál se pregunta sobre realidades inaccesibles a la experiencia empírica y a la razón teórica, esto gracias a la condición de posibilidad de la libertad humana. Ante estos postulados de la razón práctica, Kant nos dice que la cuestión del hombre lleva a la cuestión de Dios, veámoslo en la siguiente citación,

"En la cuestión sobre sí mismo, el hombre se encuentra inevitablemente ante la cuestión de Dios. Pero no se ha encontrado con Dios en el camino de una reflexión puramente racional, sino únicamente en una actitud total y omnicomprensiva de su existencia: no por la vía « demostrativa» (propia de la razón teórica), sino mediante la razón práctica, que compromete radicalmente al hombre en el sentido que está llamado a dar a su vida con la praxis y el esperar de su libertad" (Juan Alfaro, 1982, p.215)

 Para Kan, la afirmación de la existencia de Dios a la que llega el ser humano es gracias al uso de la razón práctica, es decir, está vinculado al ejercicio de la libertad humana y la apertura ilimitada de la esperanza, es una afirmación que provienen de la reflexión humana, por lo cual carece de la evidencia propia de la razón teórica, pero no por ello, es de grado menor al saber, sino simplemente distinto. Vemos así,, que Kant legitima la cuestión de Dios, en cuanto implícita en la cuestión del hombre, pero su planteamiento es incompleto, porque "faltan dos aspectos fundamentales del ser del hombre: su relación a la naturaleza (su tarea de transformarla) y a la historia (el hacerse histórico del hombre, haciendo la historia)." (Juan Alfaro, 1982, p.216)

Es interesante que Kant lelgara a la afirmación de Dios partiendo del ser humano y que un siglo más tarde el ateísta Feuerbach, partiendo del mismo presupuesto llegara a la negación de la existencia de Dios. Negando la filosofía de su maestro Hegel, para el cual el Espíritu Absoluto es el Dios trascendente, pero Hegel y con razón porque Hegel no parte de los concreto, real y experimentable, sino de una idea abstracta, la Idea del Espíritu Absoluto, reduciéndose a una identidad meramente ideal. Feuerbach da vuelta a esta postura, para él la conciencia del hombre no es la autoconciencia de Dios, sino al revés, solo en la autoconciencia del hombre hay conciencia de Dios, lo deja claro en la siguiente frase "Dale la vuelta y tienes la verdad, el saber del hombre acerca de Dios no es sino el saber que el hombre tiene de sí mismo, de su propia esencia" (Juan Alfaro, 1982, p.218) . El Absoluto divino de Hegel queda desplazado por el Absoluto humano de Feuerbach.


Feuerbach con esto nos está diciendo, que el ser humano no es un ser finito, sino que por ser consciente de sí mismo, puede pensar, querer, amar, decidir, es autosuficiente y divino, tienen en sí su fundamento y su fin. Postura contraria a nuestro tema general del ser humano, un ser finito abierto al infinito. 

Feuerbach al final de su vida llega a la conclusión que un ser carente totalmente de la dimensión de lo sensible y por lo tanto inaccesible a nuestra experiencia sensible no puede ser real; una de sus grandes tareas con la nueva filosofía por él planteada era "Reducir  el ser extramundano, sobrenatural y sobrehumano de Dios a elementos constitutivos del ser humano. Al final he vuelto al comienzo: el hombre es el origen, el centro y el término final de la religión. No hay más realidad que la sensible e intramundana: todo lo que trasciende esta realidad es una quimera"(Juan Alfaro, 1982, p.221) 

De aquí parte una pregunta que se encuentra frecuentemente en sus escritos ¿Qué es el hombre?, dando primacía al ser y no al origen, porque de donde el hombre es se puede conocer si tiene el origen en sí mismo o fuera de sí mismo, pero al poner énfasis a esto, olvida la pregunta que nos habla de lo más humano del hombre: la libertad, el ¿qué hacer? ¿qué esperar?, en otras palabras el ¿para qué?, haciéndonos ver que ha omitido nada menos que el futuro del hombre, su tarea y su esperanza, dimensión que la antropología considera el cuestión principal en la existencia humana, dando a entender su visión de hombre como auto finalizado en sí mismo, "conocemos para conocer, amarnos para amar, querernos para querer: solamente es divino y perfecto el ser que es solamente para sí mismo». Lo absoluto es para el hombre su propio ser" (Juan Alfaro, 1982, p.222).


Pasemos ahora a otro pensador, M. Heidegger, cuya filosofía está más cerca de Kant que de Feuerbach; coincidiendo en que el punto de partida de todo quehacer filosófico es la cuestión del hombre, pero desde su propia cuestión filosófica, haciendo la pregunta de  "¿porqué hay ente y no más bien nada? buscando con la pregunta superar la nada de los entes. Otro de sus postulados más importantes además de la cuestión del hombre, es la cuestión del ser, la cual tiene el primado de importancia como omnicomprensible, la más profunda y originaria. Solo el hombre es el único ente capaz de preguntarse por su propio ser y por el ser de los entes y así por el ser en cuanto tal. 

Su análisis se basa en la existencia humana como ser en el mundo, no puede ser sí mismo sino en su relación al mundo, esta apertura del hombre a los entes, al mundo y a sí mismo está radicada en su apertura al ser. Analizando este "ser en el mundo", Heidegger señala dos nuevas estructuras unidas entre sí: "el ser arrojado del hombre al mundo y su condición originaria como mero hecho; en su origen y en su permanencia no hay más fundamento de su existir que el hecho mismo de existir. No puede remontarse más allá de su pura facticidad, ni descubrir en el fondo último de sí misma sino el mero evento de existir" (Juan Alfaro, 1982, p.237).

También, califica la "angustia" como la revelación de la nada, tanto de los entes del mundo como del ente que es el hombre. "La angustia no surge ante un ente determinado, sino ante lo totalmente determinado, ante el existencial del hombre como ser en el mundo, no se refiere a una determinada posibilidad de la existencia, sino simplemente a su "poder-ser" en el mundo. Es la experiencia de que todo en el mundo (los entes como un todo) "se escurre", " se desvanece" y "se hunde" en la carencia total de significado para mi (Juan Alfaro, 1982, p.238). Esto pone de relieve la angustia que afecta al hombre, el estar arrojado a la muerte. 

Juan Alfaro dando vuelta a la reflexión de Heidegger, cuestiona diciendo que podría ser la manifestación del ser la que hace posible la de la nada, y que la experiencia humana fundamental no es la angustia, sino más bien la esperanza, como raíz más honda de la libertad, que constituye al hombre a ser sí mismo en su marcha hacia el futuro, que lo mantiene abierto a nuevas posibilidades. 

Juan Alfaro, llega la conclusión que estos tres filósofos antes mencionados, carecen de una misma base antropológica, la omisión de la relación del hombre al mundo, como tarea de transformarlo y de hacerse en la historia haciendo la historia. 
Ante la cuestión del hombre, podrían surgir varios cuestiones nos dice Juan Alfaro " ¿en esta cuestión es el hombre simplemente el cuestionante o más bien el cuestionado? ¿se trata de una cuestión que el hombre se pone ó que se le impone? ¿lleva el hombre la cuestión de sí mismo ó es llevado por ella? ¿si la existencia humana? está marcada por la cuestión que es ella para sí misma, si se trata de una existencia radicalmente autocuestionada, no se revela así como definitivamente no fundamentada ni finalizada en sí misma?" (Juan Alfaro, 1982, p.269)

Para dar respuesta debemos partir de las dimensiones fundamentales de la existencia humana: la relación del hombre con el mundo, su relación a la muerte, relación con cada uno a los otros y a la comunidad humana, relación del hombre a la historia. El proceso de búsqueda de una respuesta a la cuestión del hombre, tendrá que partir de las experiencias fundamentales de la existencia humana, solamente en ellas puede revelarse el ser de la persona humana, su estructura óntica, sus actos de conocer, decidir y obrar. 

Para concluir dejo la siguiente citación de Juan Alfaro, que creo esclarece el tema desarrollado: 
"La cuestión de Dios no puede surgir, ni ser justificada sino como implícita en la cuestión del hombre, como impuesta por el «porqué» y «para qué» últimos de la cuestión misma del hombre. Para ello habrá que mostrar que en las experiencias existenciales fundamentales del hombre hay « signos de trascendencia», es decir, que la misma realidad inmanente total está abierta a un más-allá de sí misma. Entonces aparecerá que la cuestión del hombre desemboca por sí misma en la cuestión de la condición última de posibilidad de lo que el hombre vive y experimenta en su relación al mundo, a los otros y a la historia, a saber, en la cuestión del fundamento último trascendente que se llama Dios. La cuestión de Dios estará marcada por los caracteres  de la cuestión del hombre, y la palabra « Dios » expresará el contenido resultante del análisis de las dimensiones fundamentales de la existencia humana.  (Juan Alfaro, 1982, p.270)




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