De la cuestión de Dios a la cuestión del hombre

 Antes de iniciar a leer esta entrada, debo decir que es indispensable leer la anterior, para tener una mirada más global de la dimensión trascendente del hombre, su apertura al infinito, la cual desemboca en el Trascendente que es Dios. Por ello, en esta entrada, mencionaré qué descubrimos de Dios a partir del hombre, resultado al que llegué en la reflexión anterior. 



Como hemos reflexionado, el hombre no es su propio fundamento, origen, ni fin en sí mismo; sino que es apertura, relación, esto lo descubrimos por lo más humano del hombre: su libertad, el ¿qué hacer? ¿qué esperar?, en otras palabras el ¿para qué? que tiene posibilidad en su existencia libre, la cual nos remite a las experiencias humanas fundamentales del hombre, las cuales son signos de su trascendencia, por ejemplo: 

  • La relación del hombre con el mundo y su tarea de transformarlo.
  • La relación del hombre con la comunidad humana
  • De hacerse historia, haciendo la historia.
  • De la muerte, no vivida como angustia, sino como esperanza, abierto a nuevas posibilidades. 

Todas estas experiencias trascendentales del ser humano, desembocan en la experiencia de su fundamento y origen que le hace trascender y desear algo que va más allá. Por ello, ahora partimos de Dios para llegar al hombre. Como hemos estudiado en las clases anteriores de antropología cristiana, Dios es un Dios de relaciones, de comunión, como leemos en el génesis en la famosa expresión cuando Dios crea al hombre "Hagamos"(cf. Gn 1,26), Dios es relación que no se queda en sí mismo, sino que es creador, su esencia es relación, es dueño y actúa en la historia, es esperanza. 

En la esencia y existencia de Dios, descubrimos rasgos de la existencia del hombre, porque hemos sido "creados a su imagen y semejanza" (cf.Gn 1,26 ). No podemos encontrar este principio óntico del ser humano en la inmanencia de las cosas, tenemos que ir más allá y hablar del trascendente. Sobre esto nos habla la escolástica y de forma particular Santo Tomás de Aquino, al hablar de los trascendentales, es decir, "del ser en cuento ser" de propiedades universales presentes en el ser humano, como la verdad, el bien, la unidad...etc, todas ellas propiedades suprasensibles universales del ser, que se conocen intuitivamente antes de toda experiencia. 

Y con esto, no podemos decir lo mismo de Dios que no solo tiene actos de verdad, sino que es la Verdad, que no solo tiene expresiones de bondad, sino que es la Bondad, que no solo es unidad, sino que es la Unidad; Dios es principio y origen, es el Trascendente al que tiene el ser humano. 


Podemos concluir diciendo que al hablar de Dios como aquél que trasciende todo lo creado, como ser infinito, que va más allá de la realidad sensible y pensante, descubrimos en el ser humano de igual forma, un ser trascendente que busca al trascendente, un ser finito abierto al infinito, un ser inmanente y trascendente. 


Comentarios

  1. María es un poco confuso de pensar y escuchar de como suena el subtemas que menciona: "De hacerse historia, haciendo la historia". pienso para poder situarse de la realidad histórica pienso que tiene que partir desde la Historia de la Salvación forjado desde la experiencia del ser humano e inspirado por el ser trascendente. Cuando Dios creó todas las cosas, dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Tomó un poco de barro e hizo una hermosa estatua. Entonces el Señor sopló el espíritu de vida en el rostro de esa estatua y se convirtió en un hombre vivo. Es el primer hombre, a quien Dios le puso el nombre de Adán, que significa: "hecho de la tierra". El Señor no quiso que viviera solo; decidió darle una compañera para que lo ayudara, que fuera semejante a él, y entonces le mandó a Adán un profundo sueño y, mientras él dormía, le sacó una costilla, y con ella hizo a la mujer. Adán le dio a la mujer el nombre de Eva que quiere decir "madre de todos los hombres". Pero el hombre pecó, abusó de su libertad y perdió la semejanza con Dios. Hasta la venida de Cristo, esta semejanza perdida no pudo ser recuperada, a través del plan de salvación que en Cristo se cumplía. Pero nunca perdió la imagen. La imagen de Dios que permanece en el hombre es la fuente de su dignidad única en la creación.
    San Juan Pablo II (1988) resalta el amor de Dios en la creación del hombre como imagen y semejanza de Dios en Carta Encíclica Mulieris Dignitatem dice:
    Hemos de situarnos en el contexto de aquel «principio» bíblico según el cual la verdad revelada sobre el hombre como «imagen y semejanza de Dios» constituye la base inmutable de toda la antropología cristiana[22]. «Creó pues Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó» (Gén 1, 27 ). Este conciso fragmento contiene las verdades antropológicas fundamentales: el hombre es el ápice de todo lo creado en el mundo visible, y el género humano, que tiene su origen en la llamada a la existencia del hombre y de la mujer, corona todo la obra de la creación; ambos son seres humanos en el mismo grado, tanto el hombre como la mujer; ambos fueron creados a imagen de Dios (No. 6).
    El papa enfatiza el verdadero amor de Dios con la humanidad, en crear al hombre como imagen suya las creo; macho y hembra las creo argumentado su reflexión en el libro de génesis visto como el origen de la antropología humana y Dios comparte su amor asignando el privilegio dentro de las demás criaturas imagen y semejanza a él mismo.

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